Pintar afuera de la línea

Recomendamos / by  nicole.mino / 1 año

RESEÑA DEL LIBRO


La bella Griselda (2010)

Isol
Fondo de Cultura Económica.

Por Ananda Sibilia.


Había una vez una princesa, tan hermosa que le hacía perder la cabeza a cualquiera, literalmente. En este cuento las cabezas ruedan y no hay piedad para aquellos que obnubilados con la presencia de Griselda las expulsan de sus cuerpos, quedando a su disposición, como trofeos que cuelgan en las paredes del palacio. Coleccionar estas taxidermias resulta fascinante, pero luego de un tiempo a Griselda le parece rutinario, ¡ya no la invitan a los bailes de la corte, ni a las coronaciones!.

En los libros de Isol es frecuente encontrar mucho humor irreverente, las ilustraciones se desenvuelven desde esa vereda, dibujos capaces de resumir los cuerpos de manera muy hábil a través de líneas gruesas y colores sobrepuestos en bloques, como recortes de collage, siempre descalzados, nos recuerdan aquello que cuando niños no se nos permitía: “¡no te salgas de la línea!”, nos solían advertir.

En “La bella Griselda” coexisten distintos elementos disruptivos: desde el mencionado dibujo hasta el tratamiento del tema, el uso de la princesa como protagonista activa, nada pasiva. Griselda ocupa su tiempo en largos rituales de depilación y hermoseamiento porque para ella la belleza no es sumisión, sino poder.

Pero además de lo refrescante que resulta el personaje dentro de lo que estamos habituados a leer en los cuentos sobre realeza, no puedo dejar de ver en esta historia un nuevo acercamiento a una subversión mayor (pues ya se había esgrimido en “El Globo”, Isol, 2002). Algo que pocos se atreven a hacer y que aquí se vuelve a insinuar y es el remezón que se lleva la representación de la figura materna.

Los personajes infantiles son recurrentemente quienes triunfan frente al mundo adulto en los libros de Isol, aunque ello signifique que quien pierda sea la usualmente intocable imagen materna. Esto queda clarísimo en el ya mencionado “El Globo” donde una madre gritona y odiosa se convierte en un silencioso globito rojo. Y en “La bella Griselda” me parece que nuevamente se asoma (ya hacia el final) el mismo gesto travieso: cuando la princesa se convierte en madre, la promesa no es redimirla, sino superarla.

Y es que el mundo se le dará vuelta a Griselda después de parir. Resulta interesante que si bien desde un comienzo podemos intuir que esta no es una historia que va de príncipes que salvan princesas, tampoco se trata de una de aquellas que hoy abundan y que pretenden hacer resurgir la figura de lo femenino a través de princesas heroicas, damiselas audaces y más, como si hoy las niñas y mujeres tuviésemos que cargar con una nueva etiqueta y todas debiéramos grabarnos en la frente, el pecho y la camiseta que hoy nos toca ser rebeldes. En “La bella Griselda” no hay un modelo de princesa tratando de imponerse, por lo tanto tampoco un modelo de mujer ni uno de madre, pues el espectro de personajes en los mundos de fantasía puede ser tan amplio como el de personas hay en este planeta.