Cualquier niño en cualquier pueblo

Recomendamos / by  nicole.mino / 5 meses

RESEÑA DEL LIBRO


Pueblo frente al mar

Joanne Schwartz y Sydney Smith. 2019
Ediciones Ekaré

Por Ananda Sibilia.


Un niño relata el transcurso de un día cotidiano en su casa frente al mar. Entre las acciones, se describe un pueblo humilde y las tareas que un niño como él realiza: salir por los mandados, jugar un rato en la plaza “destartalada”, comer la comida que le prepara su madre. Y a modo de leitmotive interrumpe su relato el recuerdo de su padre, quien durante ese mismo día soleado, trabaja en la mina de carbón que yace bajo el mar, en una oscuridad penetrante.

Las ilustraciones otorgan mucho protagonismo al paisaje, más que a los personajes, estos tienen rasgos poco definidos, son más bien genéricos, como si los rostros vacíos bastaran para representar a cualquier habitante de ese pueblo y, a su vez ese pueblo, que tampoco posee nombre, podría representar un sinfín de ciudades costeras. En tanto el mar sí marca una presencia importante, es él quien acompaña y afecta el acontecer, por el mar es que el aire huele a sal en las visitas del niño al cementerio, por el mar es que al columpiarse y llegar tan alto se puedan ver las crestas blancas de las olas. El mar es en cada página una pintura que describe muy bien el ambiente de litoral, los reflejos del sol en un día despejado y muy claro.

La mina, en tanto, es el contrapunto, con un rayado grueso y un negro de carboncillo, se describe la oscuridad, el frío y el silencio. Lo que pasa debajo de aquellas postales marinas.

Las decisiones estéticas se relacionan con los subtextos que podemos desprender, ese niño es un niño sin cara, delimitado por su contexto: el pueblo frente al mar. La frase final cae como roca: “Pienso en los claros días de verano y en las oscuras galerías bajo el mar. Algún día será mi turno. Soy hijo de minero, en mi pueblo es así”. El destino está escrito y me parece que no precisamente por un dios, lo cierto es que los hijos de mineros serán mineros algún día. La inmovilidad social irrumpe en los pensamientos de ese niño, perturban la aparente calma que transmite el mar, pues la oscuridad acecha y no hay posibilidad de escapar. La voz del niño parece no tener bríos, en una suerte de aceptación con la que se debe convivir.

Hoy más que nunca en Chile, esa frase nos interpela, irrumpe para clavarse como hacha y quedar resonando en el eco de aquellos niños y niñas que seguirán repitiendo la historia, una que se les ha cargado en los hombros, a través de generaciones.